ELN y el falso discurso del diálogo, una estrategia para ganar territorio y justificar el terrorismo

El reciente llamado del Ejército de Liberación Nacional (ELN) a un supuesto “diálogo nacional”, en el que denuncia una presunta “agresión imperialista” y defiende abiertamente a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, no representa un gesto genuino de paz. Por el contrario, se trata de una estrategia reiterada de manipulación política que busca legitimarse, ganar tiempo y expandir su control armado sobre el territorio colombiano.
De acuerdo con informes de la Defensoría del Pueblo, el ELN mantiene presencia activa en varias regiones del país, donde comunidades continúan siendo víctimas de confinamientos, desplazamientos forzados, extorsiones y amenazas. A esto se suman los registros del Ministerio de Defensa, que ha advertido que el grupo criminal no ha cesado sus acciones violentas, incluso en momentos en los que públicamente habla de paz.
Organismos internacionales como la Misión de Verificación de la ONU en Colombia han señalado en distintos reportes que no puede haber procesos creíbles de diálogo mientras persistan acciones armadas contra la población civil, una condición que el ELN incumple de manera sistemática. El secuestro, práctica que el grupo intenta maquillar con eufemismos, sigue siendo una de sus principales fuentes de financiación, según datos oficiales de la Fiscalía General de la Nación.
La narrativa del ELN, que pretende justificar el terrorismo como una lucha ideológica y presentarse como víctima de fuerzas externas, es peligrosa y engañosa. Defender regímenes señalados por violaciones a los derechos humanos, como los de Nicaragua y Venezuela, deja en evidencia que su objetivo no es la paz ni la democracia, sino el control político y armado, replicando modelos autoritarios que nada tienen que ver con las necesidades reales del pueblo colombiano.
Desde este medio de comunicación rechazamos de manera categórica cualquier intento de normalizar o romantizar la violencia. La paz no se construye con comunicados, ni con discursos ideologizados, sino con hechos concretos, respeto por la vida y el abandono total de las armas. Mientras el ELN continúe usando el terror como herramienta, no podrá hablarse de diálogo sincero, sino de una estrategia calculada para seguir sembrando miedo y consolidando poder a costa de la ciudadanía.
