El terror no distingue edades, menor secuestrada fue usada para sembrar miedo en el Catatumbo

El secuestro de una menor en el Catatumbo vuelve a ponerle rostro humano al conflicto que golpea a esta región del país.
Durante una semana de cautiverio, una niña fue utilizada por las disidencias armadas no solo como rehén y objeto sexual de los terroristas, sino como instrumento de miedo, al ser obligada a enviar un mensaje intimidante dirigido a otros niños de la zona.
No se trató solo de un delito, sino de una agresión directa a la infancia, a su tranquilidad y a su derecho a crecer sin violencia.
La menor, que permaneció retenida junto a su madre, vivió días marcados por el temor, la incertidumbre y la angustia de no saber cuándo terminaría el encierro. Finalmente, ambas recuperaron la libertad, pero el impacto emocional permanece; el miedo no se borra con la liberación este hecho deja en evidencia cómo los grupos armados siguen cruzando límites inaceptables, utilizando a los más vulnerables para sembrar terror y controlar territorios.
En el Catatumbo, donde los niños deberían pensar en juegos y escuela, hoy muchos crecen aprendiendo el sonido del miedo antes que el de la esperanza.
