¡EL SOBORNO DEL SIGLO! Petro «compra» el silencio de FECODE con bonos millonarios mientras la educación de nuestros hijos se pudre en la miseria

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¡Lo hicieron de nuevo! En un acto de desfachatez sin precedentes, el Gobierno Nacional ha firmado el decreto que oficializa una «bonificación especial» para los docentes del magisterio. Pero no se engañen: no es un premio a la excelencia ni un incentivo para que los niños aprendan más. Es, en palabras sencillas, el pago por el favor de las marchas.

Mientras usted, padre de familia, lucha para que su hijo aprenda a leer y escribir en escuelas con techos caídos y sin internet, el presidente Gustavo Petro prefiere llenarles los bolsillos a los líderes sindicales de Fecode. Este nuevo decreto no es más que un mecanismo de presión política disfrazado de beneficio laboral. El mensaje es claro «Les doy su bono, pero me mantienen la gente en la calle». El Gobierno necesita su «ejército de camisas rojas» listo para marchar cada vez que sus reformas —esos inventos políticos sin pies ni cabeza— tambalean en el Congreso.

Lo más doloroso de este pacto oscuro es quién paga la cuenta, los niños, niñas y adolescentes de Colombia. Aulas vacías y Los estudiantes que pierden semanas de clase mientras los maestros, incentivados por estos bonos de «fidelidad política», se dedican a hacerle el juego al gobierno en las plazas públicas.

  • Calidad por el suelo, Mientras en otros países se premia la capacitación y los resultados académicos, aquí se premia la lealtad al régimen. La educación ha pasado a ser el último renglón de la lista, condenando a una generación entera a la mediocridad educativa.

Con este decreto, el Gobierno termina de colonizar las plazas de docentes con activistas en lugar de pedagogos. La estrategia es macabra mantener a la base magisterial «aceitada» con dinero de los impuestos de todos los colombianos para asegurar que la presión social no cese. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que el futuro de nuestros hijos sea la moneda de cambio para aprobar reformas que nadie quiere? El decreto de la infamia ya está firmado, y mientras los maestros cuentan sus bonos, nuestros niños cuentan los días de clase perdidos.

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